La campaña turística de Quintana Roo convierte groserías en frases promocionales y abre el debate sobre los límites entre la creatividad publicitaria y la ocurrencia institucional.

CHETUMAL.— Al parecer, al Caribe mexicano, con sus playas de aguas turquesa, cenotes, selva y arrecifes, le hacía falta algo para completar su oferta turística: unas cuantas groserías disfrazadas de eslogan.

La Secretaría de Turismo de Quintana Roo (SEDETUR) tiene una nueva apuesta publicitaria que juega con las expresiones altisonantes para transformarlas en frases aparentemente inspiradoras. La fórmula es sencilla: provocar una asociación mental y después presentar una interpretación amable.

WTF significa “Wow, todo fluye”; PTM, “Pierde tu miedo”; ALV, “Atrévete, luego vuelves”; HDTPM, “Haz del tiempo pura magia”, y HDLV, “Hasta donde llegue la vista”.

Sí, HDTPM. Cuatro letras que, dependiendo del contexto, difícilmente harán pensar primero en la magia.

Imagínese encontrarlas debajo de la fotografía de un funcionario público. La interpretación espontánea de muchos no sería precisamente una invitación a disfrutar de los cenotes, sino algo bastante menos diplomático.

Y ahí está el truco de la campaña: conseguir que el público piense en la expresión original para después sorprenderlo con una explicación supuestamente positiva. El recurso puede generar risas, comentarios y compartidos. Lo que no garantiza es que el destino turístico termine siendo el protagonista.

Porque una cosa es la publicidad irreverente de un bar en Tulum y otra la comunicación de una dependencia gubernamental que debe promover la imagen de Quintana Roo ante visitantes nacionales e internacionales.

La pregunta no es si una campaña turística puede tener humor. Por supuesto que puede. La cuestión es si recurrir al doble sentido y a las abreviaturas de expresiones vulgares constituye una estrategia creativa a la altura de uno de los destinos más reconocidos de México.

Quintana Roo no carece de argumentos para venderse. Tiene playas, biodiversidad, vestigios arqueológicos, gastronomía y una oferta turística que podría inspirar campañas memorables sin necesidad de convertir una mentada en recurso publicitario.

Además, existe una diferencia entre llamar la atención y comunicar eficazmente. Una campaña puede volverse viral por la polémica y, aun así, dejar en segundo plano aquello que supuestamente pretende promocionar.

Desde la lógica de la publicidad, el juego de palabras busca conectar con nuevas audiencias mediante códigos informales. Desde la perspectiva del gasto público, sin embargo, también resulta legítimo preguntar si el ingenio empleado contribuye realmente a fortalecer la imagen del destino.

La ironía es inevitable: esas mismas siglas que en un anuncio se presentan como una frase inocente adquieren otra lectura cuando se utilizan en una discusión cotidiana. El contexto cambia el significado, pero también puede cambiar la percepción de quien comunica.

Y así, mientras la campaña pretende vender experiencias, la conversación termina concentrada en las abreviaturas, sus interpretaciones y la pertinencia de utilizar ese lenguaje en la promoción institucional.

El objetivo de una campaña turística no debería limitarse a conseguir que todo el mundo hable de ella. También tendría que lograr que el público recuerde por qué vale la pena visitar el destino.

Si el resultado es que se discute más el significado de HDTPM que la belleza de los cenotes, quizá la estrategia consiguió atención, pero dejó pendiente la parte más importante de su trabajo.

Porque el Caribe mexicano tiene demasiadas maravillas como para depender de un albur para hacerse notar.

WTF con SEDETUR: “Wow, todo fluye”. Lástima que la creatividad no siempre siga la corriente.

Locales Accra en Renta

Villa 5 Renta Mensual

Terreno Playa del Carmen Home Depot

Deja una respuesta

Your email address will not be published.