Por Rafael Quintanar

Caray, uno pudiera pensar que todo evoluciona; sin embargo, la política se estancó en el tiempo. Sin darse cuenta, han transcurrido muchos años donde se han vivido varios cambios por la misma dinámica del momento.

​El recurrir a Mario Villanueva Madrid, exgobernador delincuente que la gente de izquierda rechaza por sus agravios a la clase trabajadora y sus abusos de poder, es pensar que el tiempo no ha transcurrido.

Sin embargo, los únicos que pueden darle un valor a eso —bueno o malo desde la perspectiva de cada quien— es lo que queda de la vieja clase política.

Los de la vieja clase política favorecidos echan porras y empiezan a sentir que pudieran ser los próximos beneficiados, mientras que las nuevas generaciones lo ven pésimo al ir a rendir pleitesía a un delincuente, sin entender cuál es el mensaje de un grupo que dice querer recuperar un movimiento.

Morena y sus aliados, con los acuerdos realizados en el 2018, llegaron al gobierno con una tremenda mayoría, pudiendo haber logrado una transformación de fondo en el modelo económico; no obstante, solo se dieron algunos cambios superficiales.

Crecieron sus aliados en sus estructuras partidarias, lo que Morena ahora intenta hacer en la antesala electoral del 2027, donde toda la atención versa en mantener la amplia mayoría en el Congreso del Estado.

Por lo que hoy la configuración de las fuerzas políticas responde a otros grupos al interior de Morena.

Los pasados dirigentes se confiaron con la llegada al gobierno y ni siquiera se percataron del paso del tiempo, separándose de la base social, dejando las banderas de lucha, traicionando a la izquierda, olvidando la formación ideológica y política, y dándole la espalda a los simpatizantes y a algunos militantes de su partido.

Y ahora se pronuncian por el «rescate del movimiento» asumiéndose fuera de donde estaban dentro.

Tuvieron el control y lo cedieron; pudieron construir, ayudar a las personas siempre comprometidas con lo que fueron los cimientos de este movimiento convertido en partido, gestionar, abrir posibilidades laborales y generar cambios estratégicos en el gobierno.

Sin embargo, se optó por la comodidad de sacar lo suyo y culpar al gobernante en turno, aun siendo del mismo partido, como mero pretexto.

Porque en los tiempos de lo que fue la izquierda en Quintana Roo, siendo opositores, se tenían causas convertidas en banderas de lucha: se gestionaba, se movilizaba y se respaldaba a la población.

Ahora, la supuesta unidad es en torno a la coincidencia de sus odios, rencores y sentimientos de frustración al haber sido desplazados por las razones que cada uno de ellos conoce en su caso, cuando estuvieron en los gobiernos emanados de la coalición Morena, Verde y PT.

​Si nos remontamos al pasado, pudieran recordar que esos que ahora se unen eran todos antagónicos. Lo más lamentable es que han perdido la memoria o los orígenes de las viejas rencillas; se exigía la democratización de Morena, respeto a la militancia que había en esos tiempos, apertura e inclusión en los gobiernos de Morena y más.

​Algo innegable es la rotación de la conformación social en nuestro estado, lo cual va oxigenando, renovando y obligando a una atención permanente de la ciudadanía.

Las matemáticas son exactas y numerosas simpatías responden a los actores políticos del momento.

​Y las circunstancias actuales se miran diferente desde lo nacional. Solo basta observar a los nuevos titulares de las áreas estratégicas, como son Relaciones Exteriores y Aduanas:

jóvenes profesionistas de orígenes diferentes a la izquierda a los cuales les brindó la oportunidad la presidenta y, de seguro, sabrán ser leales a esa confianza.

​Rafael Quintanar González

#MarioVillanueva #mario #rafaelquintanar #Morena #PT #verde

Deja una respuesta

Your email address will not be published.