Eran las seis de la mañana y el Arco Vial todavía olía a madrugada. Frente a la Universidad del Caribe, en Corales, Supermanzana 77, el silencio lo rompieron cuatro detonaciones. Secas. Cortas. Como toses de metal.
Dos motos se habían emparejado minutos antes. En una iba un joven que no pasaba de los veinticinco. En la otra, dos tipos con el casco mal puesto y la intención peor puesta. Lo cerraron. Querían la moto, el teléfono, el dinero, lo que trajera. El joven no entregó nada. Hubo forcejeo, manotazos, insultos. Luego vino el estruendo.
Un disparo le dio en la pierna. Cayó junto a su moto, mordiéndose el dolor para no gritar. Los otros intentaron arrancar, pero el ruido ya había despertado a la calle. Vecinos salieron en chanclas y con el café a medio hacer. Vieron sangre, vieron huida.
Uno de los agresores corrió hacia el manglar, buscando que la maleza lo tragara. No contaba con que la gente de Corales no duerme del todo a las seis. Lo alcanzaron entre tres. Lo tiraron al suelo, le pusieron la rodilla en la espalda y le quitaron el aire y las ganas. El otro se perdió entre brechas y mototaxis. La moto en la que venían quedó tirada, testigo muda.
Las patrullas llegaron después, con la torreta pintando de rojo y azul las paredes. Paramédicos levantaron al joven y se lo llevaron al Hospital General. Iba consciente, pálido, con la pierna amarrada con una camisa que alguien le puso para parar la sangre.
Al detenido lo entregaron a los policías como se entrega un paquete que quema. Sin golpes de más, pero sin suavidad. Quedó a disposición del Ministerio Público, con las esposas apretadas y la mirada en el suelo.
Peritos de la Fiscalía peinaron el asfalto. Levantaron casquillos, tomaron fotos, aseguraron la motocicleta. El Arco Vial volvió a su rutina a las siete y media, con el tráfico de siempre y una mancha oscura que el sol de Cancún se encargaría de borrar.
En la carpeta de investigación ya hay un nombre menos por capturar. Falta el otro. El que escapó. El que sabe que en Corales, a las seis de la mañana, los vecinos ya no se asustan. Someten.
