Reportajes - Page 10

La caída de Reyna Durán

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Por Sandra Romero

“El poder marea a los inteligentes, y a los tontos los vuelve locos”

Cancún.- Un gran error cometió la diputada Reyna Durán el miércoles de la semana pasada, y fue el intentar engañar a los integrantes de la Junta de Gobierno y Coordinación Política (Jugocopo) en la XVI Legislatura, a quienes les dijo que tenia el aval del “supremo” para destituir al secretario general Arturo Castro, lo cual no era verdad.
Desde ese momento, los coordinadores de los partidos PAN,PRI, PRD, PV, PT, MAS y MC, que conforman la Jugocopo y que, dicho sea de paso son viejos lobos de mar en los temas políticos y legislativos, se dieron a la tarea de corroborar el dicho de la diputada, y cual fue la sorpresa cuando se enteraron que no era así y, por ende, hicieron a un lado el punto de acuerdo puesto en la mesa por la diputada.
Es por ello que la intentona de Reyna Durán no aparece en ningún acta de sesión de la Jugocopo, puesto que los coordinadores no se la aceptaron y la echaron al bote de la basura. Obvio todo ello fue a puerta cerrada.
Desde ese momento comenzó la caída de Reyna Durán, primera mujer en ocupar la recién creada Jugocopo, perdió la confianza de los coordinadores quienes ya no se sienten a gusto con ella en la presidencia de la Junta, además que faltó a un acuerdo nacional, puesto que el nombramiento de Arturo Castro fue avalado desde la dirigencia nacional de Morena.

A ello hay que sumar -se ha filtrado a los medios de comunicación- el gasto desmedido que ha tenido en un mes y semanas de su gestión, con lo cual podría pasar a ser parte de los diputados investigados por irregularidades en el manejo de los recursos.
Pero en el caso de Reyna Durán, una de las seis mujeres que forman parte de la bancada de Morena, traiciona los principios de ese partido y que tanto ondean a nivel federal, que tienen que ver con no robar, no mentir y no traicionar.

Por otro lado, en tan poco tiempo la diputada logró hacerse del rechazo de los reporteros que cubren la fuente legislativa, al girar indicaciones para negarles el acceso al área de cubículos de los diputados, con lo cual los reporteros no tienen posibilidad alguna de acceder a los legisladores, más que cuando llegan y se retiran de sus oficinas.
Bien dice el refrán que el poder marea a los inteligentes, y a los tontos los vuelve locos. Hasta la próxima.

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Observatorio: Otro presidente de la Jugocopo, ¡caramba!

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Para que vean qué hay democracia en Morena, ahora Luis Fernando Chávez Zepeda será designado como nuevo presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política (Jugocopo), han pasado dos: Edgar Gasca (gente de la Marybel Villegas) Reyna Durán (gente del junior Luis Alegre) y ahora Luis Fernando (gente de Mara Lezama).

Sin embargo todo quedó como antes al insistir el mismo Luis Fernando a trabajar con Reyna Durán…

En la tarde los morenistas habían destituido a Arturo Castro y luego de hacerlo sudar lo reincorporaron de nuevo.

«¡Hoy Reyna y Arturo se les subió el azúcar!»

Para amigos así para qué quieren enemigos.

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Neumonía de Wuhan, el virus que pone en alerta a todo el mundo. ¿Qué es y cómo prevenir su contagio?

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Por Abraham Gorostieta

Cancún, Quintana Roo.- Ante la lluvia de noticias sobre el coronavirus también conocido como «neumonía de Wuhan» es importante que tengas en cuenta qué es esta nueva enfermedad, cómo se contagia y cómo prevenirla.
Su rigen es chino y las organizaciones de salud alrededor del mundo se encuentran en alerta debido a la capacidad de contagio y propagación de este nuevo virus.
La mayoría de los casos se han presentado en Asia, sin embargo, también se ha confirmado la propagación del virus a países como Tailandia, Corea del Sur, Japón y Estados Unidos, entre otros.

¿Que es el coronavirus de Wuhan? En pocas palabras es una nueva cepa que no se había visto antes en humanos, puede provocar desde un resfriado hasta un síndrome respiratorio grave (neumonía).
Los pacientes contagiados con este coronavirus experimentan diversos síntomas, entre ellos, dificultad para respirar, fiebre, tos y dolor muscular.
La Organización Mundial de la Salud emitió un informe el 20 de enero, donde explica que otros síntomas son escalofríos, fiebre alta, dolor muscular y secreción nasal.

Al día de hoy 22 de enero de 2020 se han registrado en el mundo 400 casos de contagio, de los cuales 17 personas han muerto debido a la causa del nuevo coronavirus.
Las autoridades sanitarias de organismos internacionales aseguran que, si bien falta investigación al respecto, este coronavirus no es tan grave como el síndrome respiratorio agudo severo (Sars), que en 2002 mató a 774.

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La BBC Mundo y el canal CNN indican que autoridades chinas creen que el virus se originó en un mercado de mariscos de Wuhan que «realizó transacciones ilegales de animales salvajes». “Los primeros casos humanos se identificaron en esta misma ciudad china en diciembre de 2019, aunque todavía no se sabe cómo o cuándo el virus se volvió infeccioso para las personas”, reportó la CNN.
Un portavoz del gobierno chino informó a la BBC que “existe la preocupación de que el virus pueda propagarse por los cientos de millones de personas que viajan para el Año Nuevo chino a finales de este mes”.

¿Cómo prevenir su contagio? La Organización Mundial de la Salud en su página web indica que para prevenir su contagio se debe evitar el contacto cercano con personas que sufren infecciones respiratorias agudas. Lavarse las manos con frecuencia, especialmente después del contacto directo con personas enfermas o su entorno, y evitar el contacto sin protección con animales de granja o salvajes.
Por el momento no hay vacuna que pueda proteger a las personas contra este coronavirus. Los pacientes que ya están infectados, reciben un tratamiento mientras son aislados del resto del hospital.

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«El aeropuerto de Cancún está siguiendo las instrucciones y directivas que pueda emitir el gobierno federal»: Eduardo Rivadeneyra

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Por Abraham Gorostieta

Cancún.- Con la aún situación de prevención en los aeropuertos internacionales por el coronavirus “Neumonía de Wuhan”, el Aeropuerto internacional de Cancún ha tomado las debidas indicaciones de seguridad sanitaria.

Eduardo Rivadeneyra, vocero del Grupo Aeroportuario del Sureste (Asur) en Cancún, informó que el personal del área de Sanidad Internacional, que tiene oficinas en las áreas de vuelos internacionales, “está a cargo del monitoreo de pasajeros para realizar la detección temprana de algún caso que se pudiera presentar”.
También aseguró que “el Aeropuerto de Cancún realiza sus actividades de manera normal en apego a nuestros Planes de Seguridad siguiendo las instrucciones y directivas que pueda emitir el gobierno federal”.

Rivadeneyra, insistió en que “no existen vuelos procedentes de Wuhan, provincia de Hubei, China, región donde se declaró la epidemia”, externo.

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Periodismo en tiempos de Fake News

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Por Témoris Grecko

En tiempos en que el presidente con su retórica es uno de los que contribuyen a crear un ambiente peligroso para los periodistas, hace falta tener cuidado al criticar a comunicadores.

Pero yo estoy en contra del «perro no come perro», de los que han hecho mucho por desprestigiar al periodismo y del cinismo.

Carlos Loret de Mola es un mentiroso, un fabricador de fake news y, ya que estamos en esto, un cómplice de violaciones a los derechos humanos.

Cuando a una persona detenida se la humilla y golpea en una simulación de arresto -revelando su identidad-, transmitido en vivo en cadena nacional por supuestos «periodistas» que conocen exactamente lo que está ocurriendo, esto es una violación de derechos humanos en la que toman parte el medio de comunicación -Televisa- y los empleados que la orquestaron.

No fueron sólo Genaro García Luna y sus policías.

Se trataba de inocentes.

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Y lo peor es que abundan los indicios de que esto era una práctica cotidiana.

Mi colega Laura Barranco ha dado testimonio de que estuvo ahí, advirtió varias veces a Loret de lo que estaba pasando y él la mandó a callar.

Loret es el más aventajado entre los comunicadores de la prensa vendida que se han querido lavar la cara haciéndose pasar por los críticos perseguidos de este sexenio, y hoy sale en contra de las «fake news».

Dice que «hay que hacernos cargo de nuestros errores», «respetar el derecho de réplica» «y corregir si dimos por buena información no sustentada».

Lo de Florence Cassez e Israel Vallarta no fue dar por buena información no sustentada, ni un error cualquiera: fue destruir las vidas de varias personas utilizando el poder de la televisión nacional.

Él no tiene derecho a recurrir al argumento de la peligrosidad de México para los periodistas, a nuestros compañeros asesinados, ni a hacerse la víctima que «recibe veneno».

Pocos como él le han envenenado tanto el camino al periodismo y le han fallado con tal desmesura a la sociedad.

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Gobierno de EE.UU. pide plazo a juez para tener “evidencia voluminosa” sobre la conducta de García Luna

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Por Abraham Gorostieta

Chetumal, Quintana Roo.- El Fiscal Michael Robotti ha pedido a un juez federal de Brooklyn clasificar como complejo el proceso contra el ex funcionario del gobierno de Felipe Calderón, Genaro García Luna.
A través de una carta enviada al juez Brian M. Cogan, el Departamento de Justicia de Estados Unidos informó que “el Gobierno espera producir evidencia voluminosa sobre la conducta del acusado, que abarca casi dos décadas”.

La carta escrita por e Fiscal Robotti explica: “La evidencia incluye, pero no se limita, a registros financieros, inmobiliarios y de naturalización, pruebas aseguradas, evidencia obtenida de otros países, y evidencia recuperada de dispositivos electrónicos confiscados”.
La carta se dio a conocer el sábado por el periodista Keegan Hamilton, quien informó que la fiscalía estadounidense acordó con la defensa de García Luna solicitar mayor tiempo al juez Cogan, previo a las próximas audiencias, por tratarse de un caso de “gran complejidad”.

“El gobierno de Estados Unidos espera contar con grandes descubrimientos relacionados con la conducta del acusado que se extiende por más de dos décadas”, afirmó la fiscalía.
De otorgarse el plazo adicional, serán 60 días más, entre la audiencia programada para este martes 21 de enero y la siguiente, lo cual permitiría a ambas partes reunir las pruebas suficientes para sus argumentos, según indicó el documento del Departamento de Justicia de EUA.

La carta fue firmada por el Fiscal del Distrito Este de Nueva York, Richard P. Donoghue, quien presentó los cargos contra García Luna en diciembre y pidió formalmente la asignación del caso al juez Cogan, personaje jurídico conocido por haber llevado el juicio contra Joaquín, alias “El Chapo”, Guzmán.

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Pepe de la Peña del PVEM, le sirvió a la mafia al presentar ley cero impuestos a los casinos, ahora se esconde al descubrirse su fechoría

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Pepe de la Peña del PVEM, le sirvió a la mafia al presentar ley cero impuestos a los casinos, ahora se esconde al descubrirse su fechoría

El único ícono actual del Partido Verde (PV) en Quintana Roo está en riesgo de caer. El supuestamente haber engañado a la XVI Legislatura con la inclusión dolosa de un transitorio en la Ley de Ingresos 2020, para favorecer a inversionistas de alto poder adquisitivo, interesados en la instalación de casinos, es la razón.

Desde hace días se desconoce que ha pasado con el coordinador de la Fracción Parlamentaria del PV en la Legislatura Local, José de la Peña Ruiz de Chávez.

Sus sueños de ser diputado federal o por lo menos reelegirse una vez más para mantenerse como legislador local, también se esfuman.

Durante diciembre pasado, cuando todos estaban en período de asueto, trascendió que en la Ley de Ingresos de Quintana Roo 2020, apareció el Séptimo Transitorio, que según algunos diputados locales “goleados”, nunca fue presentado en las sesiones de la Comisión de Hacienda, Presupuesto y Cuenta Pública.

En principio se creyó que había sido enviado por el gobernador del Estado, Carlos Joaquín González, pero fue desmentido por el propio Ejecutivo Estatal.

Según la presidenta de la Comisión Permanente, María Cristina Torres Gómez, la iniciativa de Ley de Ingresos del Estado de Quintana Roo 2020 no le contemplaba y fue incluida en el trabajo de la comisión presidida por el diputado del PV.

Aunque no fue discutida para nada y se aprobó sin análisis, refirió.

Por ende, anticipó la necesidad de convocar a Período Extraordinario de Sesiones o al menos a reunión donde estén representadas todas las bancadas, para conocer el transitorio a fondo y saber quién le ingresó.

Porque ha trascendido en opiniones de periodistas y redes sociales, que el Ruiz de Chávez le anexó dolosamente para obtener favores y prebendas de políticos y empresarios de alto poder adquisitivo.

Dio a conocer que el Séptimo Transitorio establece la exención impuestos durante el 2020 a inversionistas de casinos.

El coordinador de la Fracción Parlamentaria del Partido del Trabajo (PT), Roberto Erales Jiménez, se adhirió a esta petición, porque no descartó tenga intereses marcados.

Aunque, reconoció no haber estado en la sesión de aprobación de la Ley de Ingresos 2020, por haberse sometido a una cirugía ocular.

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Insistió en su rechazo a la instalación de casinos en Quintana Roo y en su lugar exigió al Poder Ejecutivo diseñar, a través de las secretarías pertinentes, otros esquemas de fomento empresarial y de empleos.

En la misma postura se mostró el presidente de la Comisión de Asuntos Municipales, Alberto Batún Chulim, quien afirmó que el transitorio nunca fue incluido durante el análisis de la Ley de Ingresos.

Anticipó que buscará su derogación porque es lesiva en diversos aspectos, peo sobre todo por ser exigencia de diversos sectores sociales y económicos.

Y porque es la postura que recientemente pronunció el Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Ya son 35 organismos empresariales, más los ciudadanos que exigen la derogación del transitorio.

Porque a juicio de ellos es injusta, pues mientras a un micro emprendedor no se le concede período de gracia en el pago de impuestos al iniciar operaciones; a inversionistas de alto poder adquisitivo interesados en edificar casinos, se les eximirá de ello durante el 2020.

Pues solamente el inicio de operaciones de una casa de apuestas es de al menos 40 millones de pesos.

Asimismo, exigen sanción en contra del diputado del PV, por engañar a la Legislatura Local con la inclusión ilegal del transitorio, basado en intereses personales.

Aunque Batún Chulim omitió pronunciamiento respecto a proceder en contra del presidente de la Comisión de Hacienda, Presupuesto y Cuenta Pública, y en su lugar propuso derogar y resolver ese “error”.

La presidenta de Junta de Gobierno y Coordinación Política (Jugocopo), Reyna Durán Ovando, emitió un documento en representación de las fracciones parlamentarias de Morena, PV y PT, a través del cual se solicita la derogación del Séptimo Transitorio de la Ley de Ingresos 2020.

La Oficialía de Partes dará el procedimiento correspondiente para turnarle a la Diputación Permanente, pue actualmente la XVI Legislatura está en período de receso.

Ese documento fue acordado ayer durante una reunión privada entre integrantes de la Coalición Morena-PT-PV, en la cual de la Peña Ruiz, quien todavía no da la cara, reconoció que fue un error la inclusión del transitorio y se comprometió a derogarle.

A tal encuentro inasistieron Linda Cobos Castro, Paula Pech Vazquez y Erick Gustavo Miranda García.

El único legislador que ha anticipado proceder en contra de Ruiz de Chávez ante la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción (FECC), ha sido José Luis Toledo Medina, porque su homólogo incurrió en violación a la Ley.

Los demás diputados no han emitido postura respecto a este hecho. Inclusive, algunos no están ni enterados.

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Un año desaparecida, y la esperanza de que vuelva sigue

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“Mi esposo duerme todos los días a un lado de la puerta, esperando a su hija, esperando saber algo y yo quiero creer que sigue viva, que se la llevaron a otro lado”.

Ese es el testimonio desgarrador de Guadalupe, una madre que a casi 9 meses de que su hija desapareciera sin dejar rastro, sigue con la esperanza de volver a verla y abrazarla.

La noche del 15 de diciembre del 2018, Ingrid Estefani Vázquez Arias fue a una discoteca en la Zona Hotelera de Cancún, y después se dirigió a otro bar llamado “Flow”, ubicado por la plaza de toros y jamás volvieron a saber de ella.

“No podemos derrotarnos porque tenemos más hijos, pero las visitas a la Fiscalía son más que tortuosas, porque siempre nos dicen lo mismo: que siguen investigando”.

Con la joven que desapareció -cuando tenía 20 años-, iba otra mujer de nombre Lizeth Alejandra, de quien la familia de la desaparecida sospecha podría ser reclutadora de jovencitas para una red de trata de personas.

Hasta ahora, nada se sabe del paradero de la joven desaparecida, y las autoridades ministeriales no han podido lograr avances concretos en la investigación.

Guadalupe Arias Silván es una mujer que, como miles en todo el país, sigue esperando el regreso de su hija Ingrid Estefani, quien desapareció desde el 15 de diciembre del 2018 y hasta la fecha no saben nada de ella.

Con el rostro sereno, la aún joven mujer comenzó a recordar, cómo fue el día en que su hija salió de casa para divertirse, y ya nunca más volvieron a verla.

“El nombre de mi hija es Ingrid Estefani Vázquez Arias, ahorita ya tiene 21 años, en junio cumplió 21 años. El 16 de diciembre del 2018, ella salió en la noche del 15 de diciembre y ya para el 16 ya no supimos nada. Su última conexión en las redes sociales fue entre 3 y 4 de la mañana, publicó que estaba bajando del Dady O en la zona hotelera. Ella publicó un video bajando del Dady O con la chica con la que se vio la última vez, se llama Lizeth”.

Con voz pausada, Guadalupe dijo que esa amiga les dijo que bajaron de la Zona Hotelera, del Dady O y se fueron a otro antro que está por Plaza Solare, uno de nombre Flow, (ahora desaparecido) que iban su hija, Lizeth y otros tres amigos; pero que cuando llegaron al “Flow”, los amigos de Lizeth se fueron porque no les gustó el lugar.

“Ella dice que llegaron a ese lugar Flow, que sus amigos con los que andaban se fueron porque no les gustó el lugar, que ellas llegaron y que cuando llegaron ahí se encontraron al novio de ella, entonces como le había dicho a su novio que no iba a salir, se pusieron a discutir y que tardaron aproximadamente 40 minutos a una hora discutiendo en la puerta, y que si mi hija salió no la vio. Ella alega que mi hija se quedó con su bolso, y que tenía no sé cuantos celulares y no sé cuánto dinero, ya la llamaron a declarar a ella y a otra persona que también vio a mi hija ese día, otra chica”, recordó.

Al ver que las horas pasaron y no sabían nada de su hija, Guadalupe y su esposo insistían marcándole a su teléfono, sin obtener respuesta alguna y así, pasó todo el domingo 16 de diciembre.

“Ya en la madrugada del lunes, ahí si nos preocupamos y el lunes 17 en la mañana ya empezamos a hablarle a otros amigos, si sabían algo de ella. Un amigo de ella que se llama Natanael fue el que dijo que eso estaba muy raro, me dijo que lo iba a subir a redes sociales y le dije que no, porque podía asustarse o pensar que estábamos enojados, entonces ya el lunes como al mediodía ya sabíamos que algo había pasado; porque desaparecerse por tanto tiempo no era normal en ella. Ese mismo día fuimos a poner la denuncia y desde ese día hasta hoy nos dicen que las investigaciones siguen, que le están dando seguimiento, que no nos pueden decir mucho para no entorpecer lo que ya tienen, pero así me tienen, nada en concreto. Les hemos dado el tiempo, la pauta, para que ellos investiguen, pero cuando vamos a pedir informes, no nos saben decir nada, absolutamente nada”, dijo.

Tras la denuncia hecha por los padres de Ingrid Estefani, el Ministerio Público del Fuero Común inició la carpeta de investigación es la FGE/QR/CAN/UAPD/12/17/2018.

“Nos dicen que tienen muchos casos, lo que ellos alegan es que regularmente o casi siempre es que se escapan con el novio, que eso es lo más frecuente y es lo que sale siempre, pero mi hija no tenía la necesidad de eso”.

Tortuosa espera

Una vez que la autoridad intervino, los padres de Ingrid Estefani confiaron en que pronto sabrían algo de su hija, pero los días siguieron pasando y nada sabían de ella.

“Por nuestra propia cuenta sólo investigamos a los amigos, nos hemos metido al Facebook de esa tal Lizeth, dio de baja sus cuentas pero el otro día las dio otra vez de alta, aparece como Lizeth Alejandra. Es lo que nosotros pensamos y se lo dijimos al licenciado, investíguela a ella, en un principio pensamos que era extranjera, pero es mexicana.

Sólo hemos checado en redes sociales, con amigos cercanos a ella por si saben algo, o por miedo a que les hagan algo no digan, porque yo estoy segura que alguien sabe algo, pero por miedo o no sé, la gente no habla.

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Pareciera que se la tragó la tierra, alguien tuvo que haber visto algo, alguien pudo haber visto algo”, agregó.

La última vez que los padres de Ingrid Estefani fueron a la Fiscalía General del Estado, para preguntar el avance de la investigación, la respuesta fue la misma: “cualquier cosa vamos a estar en contacto por teléfono”, prácticamente, le dijeron “ya no venga”.

“Yo sé que no soy la única mamá con una hija desaparecida, no soy la única que está pasando por todo esto, somos muchas mamás, muchas familias. Mi hija estudiaba y trabajaba, vendiendo boletos para cruceros que van a Isla Mujeres, en la Zona Hotelera, estaba estudiando para sobrecargo”.

Las falsas pistas

El hacer públicos sus números telefónicos en las redes sociales, para recibir alguna noticia sobre su hija, expuso a la familia a otro dolor más, el ser engañada por estafadores que les hacían creer que tenían a su hija y les pedían dinero como rescate.

“Nos hablaron una vez para decirnos que tenían a mi hija, que les habían dado la orden de matarla, pero que ellos querían entregárnosla, que la tenían en un hotel. Se hizo un depósito de cinco mil pesos y nos dijeron que la íbamos a recoger por el Walmart que está por Las Torres, esto fue en mismo diciembre, acababan de pasar como cinco días que ella había desaparecido.

Recibimos otra llamada, en donde nos dijeron que tenían a nuestra hija y que si no les mandábamos dinero, le iban a cortar un dedo. Yo le dije que quería algo para saber que era mi hija, me dijo le voy a cortar un dedo y le dije córtaselo, yo conozco a mi hija y conozco sus dedos y todo. Cuando le dije así, me colgaron y ya jamás me volvieron a llamar hasta el día de hoy”.

Tratar de vivir con el dolor

“Su ropa la guardamos porque se estaba llenando de polvo y era más deprimente para todos.

Ha sido un proceso muy duro, hay días altos y bajos. Tratamos de olvidarlo pero cuando llegamos a nuestra realidad, otra vez revivimos el dolor.

Nuestro refugio ha sido Dios, nuestra esperanza en Él, confiando en Él nada más y saber que está fuera de nuestras manos hacer algo. Solamente Él puede darnos una respuesta a esto y tanto mi esposo y yo como padres, no podemos derrotarnos porque tenemos otros dos hijos, uno de 22 y una niña de 14. Ha sido un proceso muy duro”.

Tras lo sucedido, Guadalupe, ya con los ojos húmedos por las lágrimas que amenazaban por asomarse, dijo que llegaron a la conclusión de que no deben dejar que lo que están pasando los derrumbe, y que muy al contrario; los debe hacer más fuertes como familia.

¿Cree usted que su hija sigue viva?

“Yo quiero creer que sí, pero también he pensado en muchas cosas, hay días que no sé ni cual es mi humor, pero alegría completa, no, por la situación que estamos viviendo.

Mi esposo, a él le ha costado más trabajo sobrellevar esto, asimilarlo, porque era su niña, a pesar que tenemos una niña más chica, él y ella eran muy unidos y mi esposo todos los días se duerme a un lado de la puerta, esperando a su hija, esperando saber algo, está al pendiente por si llega un carro, si viene alguien, pero hasta el día de hoy, nada. No creo que siga en Cancún, yo creo que se la llevaron”.

Fuente: Unidos por Quintana Roo.

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El día que Alberto Capella usó a letal sicario para atrapar a miembros de un cartel, según narra el The New York Times

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El periódico The New York Times, uno de los emblemáticos de Estados Unidos y el mundo, publicó un reportaje de investigación sobre el sicario más letal del cártel Guerreros Unidos, y que tras ser detenido en el estado de Morelos, formó parte de un programa ‘improvisado’ de testigos protegidos, implementando por Jesús Alberto Capella Ibarra.

El entonces titular de la Comisión Estatal de Seguridad (CES) de esa entidad, estableció una estrategia distinta que consistía en brindar protección a integrantes de grupos criminales a cambio de obtener información para la detención de líderes y desmantelamiento de cárteles.

Hoy, Alberto Capella encabeza la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Quintana Roo.

Por ser de interés público, a continuación se reproduce el texto íntegro del NYT, difundido el pasado 14 de diciembre:

“Me convirtieron en un monstruo”, dice el sicario más letal de Guerreros Unidos
AZAM AHMED Y PAULINA VILLEGAS / THE NEW YORK TIMES

JOJUTLA, Morelos.– Los reclutas ingresaron a un claro, donde un grupo de entrenadores estaba parado en una fila cerrada, ocultando algo.

“¿Cuántos de ustedes han matado a alguien antes?”, preguntó uno de los instructores. Algunas manos se levantaron.

Los entrenadores se separaron, dejando ver un cadáver desnudo tirado sobre la hierba. Uno de ellos puso un machete en la mano del joven que estaba más cerca.

“Desmiembra”, le ordenó.

El recluta se congeló. El instructor esperó, luego se acercó detrás del aterrado recluta y le disparó en la cabeza. Después le pasó el machete a un adolescente larguirucho mientras los demás lo miraban atónitos.

El adolescente no dudó. Le ofrecieron la oportunidad de demostrar que podía ser un asesino, un sicario, y la aprovechó. Una oportunidad de dinero, poder y, lo que más ansiaba, respeto. Ser temido en un lugar donde el miedo era moneda.

“Quería ser un psicópata, matar sin piedad y ser el sicario más temido del mundo”, dijo mientras describe la escena.

Al igual que los otros reclutas, un cártel de drogas conocido como Guerreros Unidos lo había enviado a un campo de entrenamiento en las montañas.

Imaginó ejercicios de campo, carreras matutinas, prácticas de tiro. Ahora, parado sobre el cuerpo, sólo estaba tratando de reprimir el impulso de vomitar.

Cerró los ojos y golpeó a ciegas. Para sobrevivir, necesitaba mantener el rumbo. El entrenamiento haría el resto: purgarlo de miedo y de empatía.

“Se llevaron todo lo que me quedaba de humano y me convirtieron en un monstruo”, dijo.

En pocos años se convirtió en uno de los asesinos más mortales en el estado de Morelos, un instrumento de los cárteles que destrozan la nación.

Confesó que, para 2017, con apenas 22 años, había participado en más de 100 asesinatos. Las autoridades han confirmado casi dos docenas de ellos tan sólo en Morelos.

Testigo protegido
Cuando la policía lo atrapó ese año, podría haber enfrentado más de 200 años en prisión. Pero en lugar de enjuiciarlo, las autoridades vieron una oportunidad para dividir al cártel desde adentro.

Lo convirtieron en la pieza central de una operación policial que desmanteló al cártel en el sur de Morelos, lo que resultó en el arresto y condena de docenas de sus agentes.

Para los investigadores, él era una mina de oro, un libro de referencia completo sobre la industria de asesinatos en el estado. Para el sicario, el gobierno era un salvavidas.

Por supuesto, el sistema legal de México no fue creado para este tipo de acuerdo.

La nación tiene sólo un programa oficial para protección de testigos, a nivel federal, y pocos realmente confían en él. Las fugas, la corrupción y la incompetencia lo han dejado en ruinas.

El jefe de la policía en Morelos en ese momento, Alberto Capella, quería un programa de protección de testigos que funcionara, uno que pudiera usar para aplastar el crimen organizado en su estado.

Así que simplemente creó uno clandestino, una estrategia improvisada que los exfuncionarios de justicia describen como una extensión legal.

Pero si trabajar alrededor de los límites de la ley era la única forma de combatir el flagelo del crimen organizado, pensó Capella, parecía un pequeño precio a pagar por la justicia.

“Teníamos que intentar algo”, dijo Capella, quien sobrevivió a atentado años antes, endureciendo su resolución. “No podíamos simplemente sentarnos allí y no hacer nada”.

El paso del sicario, de asesino a sueldo a testigo estatal, ofrece una rara visión del mundo de los asesinos en México y hasta dónde llegarán las autoridades para detenerlos.

Violencia sin control
Hoy se producen más asesinatos en México que en cualquier otro momento de las últimas dos décadas, cuando la nación comenzó a recopilar estadísticas de homicidios.

Los cárteles luchan entre sí por el control de la venta local de droga y las rutas de contrabando hacia Estados Unidos, mientras que las fuerzas armadas de México luchan contra todos ellos.

La violencia es la peor desde que comenzó la guerra contra las drogas respaldada por Estados Unidos hace 13 años, y asesinos como el citado en este artículo encarnan la crisis, ya que son responsables de una parte desproporcionada de asesinatos en todo el país.

Los asesinatos se han vuelto tan comunes, tan esperados, que el país se ha vuelto cada vez más insensible a ellos.

Cada año que pasa trae niveles récord de violencia, con expresiones más desgarradoras de la misma, y ​​las instituciones están tan mal equipadas para detener la marea que Capella sintió que no tenía más remedio que inventar una solución alternativa al estado de derecho quebrantado del país.

El trato fue simple: el sicario testificó contra sus antiguos camaradas y jefes, detallando el funcionamiento interno de un cártel notoriamente despiadado. A cambio, podía caminar libre, sin enfrentar ningún cargo.

Sin papeleo. Sin firmas. No hay legislación que autorice un programa de protección de testigos en el estado. Sólo un acuerdo de caballeros, tal y como los involucrados lo llamaron.

“No había nada en qué pensar”, recordó el sicario. “No quería pasar toda mi vida en prisión”.

A principios de 2019, el método de Capella demostró ser tan valioso que la policía erigió un programa de testigos aún más grande a su alrededor, reclutando a más de una docena de secuaces del cártel.

Juntos, sus testimonios llevaron a 100 condenas y ayudó a reducir los homicidios, secuestros y extorsiones en el estado, al menos por un tiempo, dijeron las autoridades.

Incluso, cuando la violencia se disparó en todo México, cayó en el sur de Morelos.

En todo el país, casi 100 personas fueron asesinadas todos los días, a menudo de maneras horribles que extendieron los límites de la imaginación humana. Menos del 5 por ciento de esos casos fueron resueltos.

Con tasas de condena tan deprimentes, Capella sintió que México prácticamente estaba emitiendo licencias para matar.

Su programa, explícitamente autorizado por la ley o no, era una oportunidad para hacer lo que cientos de otros oficiales sólo podían soñar: identificar y encerrar a los asesinos que estaban impulsando la crisis de homicidios del país.

El poder sin control del crimen organizado se exhibió por completo en octubre, cuando cientos de hombres armados del Cártel de Sinaloa sitiaron la ciudad de Culiacán a plena luz del día, obligando al gobierno a entregar una figura notable del cartel: el hijo de Joaquín Guzmán Loera, el narcotraficante conocido como El Chapo, y lo soltó, de vuelta al inframundo.

Poco después, un cártel diferente mató a tiros a nueve madres y niños mormones, otro recordatorio inquietante del número de víctimas civiles inocentes. Como consecuencia, el presidente Trump amenazó con designar a los cárteles como grupos terroristas.

Capella sabía muy bien que su propia solución a los cárteles era peligrosa, particularmente porque dependía de la desagradable perspectiva de liberar a un prolífico asesino.

“Es algo que pocos se han atrevido a hacer”, reconoció el jefe de policía, “pero vale la pena el riesgo”.

Pero nadie, y menos el sicario, esperaba cómo terminaría el acuerdo.

Capella se mudó a otro trabajo a casi mil 600 kilómetros de distancia, y el programa colapsó lentamente.

Sin mandato legal o apoyo oficial, este año cedió debido al cambio en los vientos políticos. Algunos de los testigos se fueron y volvieron a la vida del crimen. Al menos uno fue asesinado.

El sicario se quedó hasta el verano, cuando temeroso de que la policía lo entregara a sus enemigos del cártel, huyó.

Los pistoleros no estaban muy lejos. Su hermano, que irónicamente evitó el crimen y se alistó en las Fuerzas Armadas, fue asesinado días después.

Sus padres encontraron una nota adjunta al cuerpo: esto es lo que sucede con los soplones, advirtió.

“Así es como funcionan las cosas en México”, dijo el sicario, que pidió que no se usara su nombre para la seguridad de su familia, mientras huía. “Y quiero que el mundo lo vea”.

Cómo se hace un sicario
Los jefes del cártel se agruparon en un pequeño grupo, burlándose de él. Podría robar, incluso pelear, pero no matar, dijeron. No tenía el corazón.

Se rieron, empujándolo para ver qué tan lejos llegaría. Sabía que era una prueba.

Tenía 17 años y trabajaba para Guerreros Unidos, un cártel que operaba en varios estados y traficaba heroína a Estados Unidos. De inmediato se distinguió por ser inteligente y naturalmente violento.

Respondió bruscamente. No sabían de lo que era capaz, dijo. Y en verdad, él tampoco.

Sus compañeros narcos señalaron calle abajo a dos hombres jóvenes, un par de objetivos involuntarios.

Se fue hacia ellos, preguntándose si sus jefes tenían razón: que no era capaz de asesinar a mansalva.

Luego, como si alguien más estuviera controlando sus movimientos, sacó un pequeño cuchillo de su bolsillo y, sin previo aviso, cortó la garganta del joven más cercano a él.

Mientras escupía la sangre, recordó, enterró su miedo, decidido a demostrar que era despiadado, la esencia de un sicario.

“Me bloqueé, mis propias emociones, y me dije a mí mismo que alguien más lo estaba haciendo”, dijo.

Más tarde descubrió que los dos hombres eran inocentes, y todo parte de un juego que sus jefes estaban jugando. No habían esperado que él realmente matara a nadie.

Cuando se corrió la voz y el brillo de admiración vino de amigos y conocidos, su culpa disminuyó. Nadie lo volvería a cuestionar. Ahora estaba en el camino, brutal e inmutable, para convertirse en un asesino profesional.

“Les gustó eso”, recordó. “Y a partir de ahí se me abrió una nueva carrera”.

En más de una docena de entrevistas, el sicario dijo que su infancia fue normal, incluso buena. Sus padres estaban juntos. Le enseñaron a cuidar a los demás.

“Me enseñaron valores, principios”, dijo.

Alto y delgado, con una cara redonda y ojos encapotados. Una vez soñó con jugar futbol profesional, pero se saltó la escuela para pasar el rato con una pequeña pandilla, fumando mariguana y peleándose.

Un tiempo siguió a su padre al trabajo, uniéndose a él en sus rondas para la compañía de agua local. Por un tiempo pensó en hacer una vida de tal trabajo, aunque fuera mundano y mal pagado.

Entonces su padre se quedó sin empleo, hundiendo a la familia en la ruina financiera. Su madre comenzó a trabajar desde el anochecer hasta el amanecer por pocos pesos.

Con creciente resentimiento, observó la humillación y la baja remuneración del trabajo diario, mientras los mafiosos locales ganaban mucho dinero disfrutando de un respeto que bordeaba el miedo.

“Fue entonces cuando elegí vivir día a día”, dijo. “Me convertí en un criminal”.

Se abrió camino robando y vendiendo drogas, buscando a Guerreros Unidos. Los líderes notaron su ambición. Después de ese primer asesinato, el líder del cártel le ofreció un puesto en el campo de entrenamiento de sicario.

Era 2012 y la guerra de México contra las drogas estaba en su sexto año. La violencia había alcanzado máximos históricos cuando los militares salieron a las calles para combatir el crimen organizado y los cárteles lucharon entre sí por la supremacía.

El asesinato se convirtió en una forma de mensaje, un espectáculo de sadismo: cuerpos colgados de puentes, cortados en pedazos, depositados en plazas públicas. Cada escena espeluznante del crimen como una advertencia, una forma de decir que la violencia del cártel no conocía límites.

A medida que el mercado de drogas se agitó, con nuevos jugadores subiendo y bajando, los campos de entrenamiento se convirtieron en academias para los ejecutores de la industria. El sicario vio una oportunidad.

Dijo que durante seis meses vivió en austeridad con docenas de otros hombres en las montañas del sur de México, donde conoció el terror, el hambre y el frío. En todas partes sintiendo el espectro de la muerte.

Cazaron y mataron a miembros del cártel rival y, en algunos casos, otros fueron asesinados por sus propios entrenadores por desobedecer las órdenes o mostrar dudas, dijo.

Recordó que los alumnos que se enfrentaron a los instructores fueron colgados de los árboles y utilizados para la práctica de tiro, una afirmación que los expertos en cárteles consideraron plausible.

Saber que podría morir por no seguir las órdenes, ya fuera para matar a un granjero, cortar un cuerpo o torturar a un amigo, era todo el incentivo que necesitaba para hacer lo impensable. Al menos así lo justificó.

“Me convirtieron en un animal”, dijo.

Pero detrás de cada decisión, cada acto inhumano, había una verdad de la que no podía escapar. Él escogió esta vida. Era lo que él quería.

El negocio del asesinato
En un año ya se había transformado en un asesino experto, probado en batalla y sin tener ni 20 años cumplidos.

Después del campo de entrenamiento fue enviado a Acapulco, explicó, para luchar contra otros cárteles por el lucrativo mercado de drogas en los distritos turísticos.

Un año más tarde regresó, pero a un Morelos muy diferente. Su antiguo jefe había sido abatido a tiros y su antiguo cártel, Guerreros Unidos, casi fue vencido allí, tragado por sus antiguos aliados, Los Rojos.

El sicario ya no tenía un jefe para rendirle cuentas, ni ninguna lealtad en absoluto.

Algunos de sus viejos camaradas habían cambiado de bando y los ganadores subsumieron a los perdedores.

El líder de Los Rojos, Santiago Mazari Hernández, conocido en la calle como “El Carrete”, envió un emisario para reclutar al sicario. Quería que lo ayudara a establecer operaciones de drogas en el sur del estado de Morelos. El pasado era el pasado, dijo.

“Fue unirse a ellos o ser asesinado”, recordó el sicario.

Comenzaron a vender drogas en Jojutla, luego se extendieron a Tlaltizapán, Tlaquiltenango, Zacatepec, luchando contra otros grupos en las pequeñas ciudades del sur de Morelos.

A medida que su negocio se expandió, también lo hizo su influencia, especialmente en el gobierno local. Tenían funcionarios en la nómina, explicó el sicario, para evitar sorpresas como arrestos o incautaciones.

La expansión de las operaciones significó eliminar a la competencia, no sólo de otros cárteles, sino también de delincuentes locales: ladrones, violadores, pequeños traficantes de drogas y soplones. Cualquiera que dibujara el escrutinio policial.

El asesinato rara vez fue por deporte, detalló. Estudiaba detenidamente a sus víctimas e investigaba las quejas en su contra.

Una vez confirmadas, les advertía una última vez para que se detuvieran, principalmente para evitar que llamaran demasiado la atención de las autoridades.

Si no lo hacían, planeaba los asesinatos meticulosamente, llevándolos a cabo sólo con la aprobación de arriba.

“Para matar a alguien, tenía que tener permiso”, explicó. “¿Por qué quiero matar a esa persona? ¿Simplemente porque no me gusta? Así no es cómo funciona.”

Siguió un código, dijo. No reclutaba niños y no dañaba mujeres ni personas trabajadoras si podía evitarlo.

Pero el funcionamiento del crimen organizado rara vez fue ordenado. Él mató a mujeres y civiles inocentes. A pesar de todo lo que se habla de honrar un código, a menudo era sólo eso: hablar. Los negocios siempre fueron lo primero.

The New York Times confirmó muchos de sus homicidios con las autoridades e intentó hablar con las familias de las víctimas en varios casos. Todos se negaron. Habiendo perdido a sus hijas, hijos y padres por el cártel, temían represalias.

De todas las personas que el sicario mató en su carrera de cinco años, sólo unas pocas lo atormentan. Una en particular.

Fue durante una operación de rutina, recordó, cuando sus jefes lo mandaron a eliminar a un grupo de secuestradores locales. Al llegar, explicó, encontró a un estudiante universitario con ellos.

El sicario dijo que al instante supo que el estudiante era inocente: la expresión de terror en su rostro, su lenguaje corporal, incluso su ropa.

Siguiendo el protocolo, el sicario ató a todos y llamó a su jefe. Quería dejar ir al joven. No estaba afiliado. No había necesidad de matarlo. Pero el jefe dijo que no. Cualquier testigo era una responsabilidad.

Mientras el niño rogaba por su vida, el sicario miró hacia otro lado y le dijo que lo sentía antes de cortarle el cuello.

“Ese estudiante todavía me persigue”, dijo, llorando. “Veo su rostro, ese niño rogándome por su vida. Nunca olvidaré sus ojos. Fue el único que me miró de esa manera”.

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Traición y captura
A veces, en la oscuridad, la madre del sicario se arrodillaba en silencio junto a su cama, susurrándole mientras dormía. Ella sabía que su hijo trabajaba para los cárteles, incluso sin saber exactamente su función.

“Deja de hacer eso”, recordó haberle dicho una noche. “Tu Dios no puede salvarme”.

A finales de 2016 se había vuelto insensible a la muerte, buscando objetivos con una indiferencia mecánica. La vida le importaba aún menos, incluida la suya.

Recibió un ascenso, lo que trajo un salario más alto, más responsabilidades y la envidia de los demás. Todavía trabajaba para “El Carrete”, que dirigía el cártel de Los Rojos, pero estaba más paranoico y por una buena razón.

Cuanto más profundo descendía al inframundo, más entendía las pequeñas rivalidades entre los líderes. Sus vidas estaban llenas de desconfianza. El trabajo así lo exigió.

Le dijeron que matara a los miembros de su propio equipo, pues los líderes temían que se volvieran demasiado influyentes o indisciplinados. Dijo que mató a tantos que comenzó a reconsiderar a quién contrataba.

“Casi nunca recluté dentro de mis círculos de amistad”, dijo. “Reclutaría al tipo que quisiera dinero fácil”.

Pero eso lo dejó vulnerable, incapaz de confiar en su equipo. Resultó ser su ruina.

En mayo de 2017, la policía detuvo a uno de sus socios. Para evitar la prisión, les ofreció al sicario.

El 15 de mayo, el compañero traidor llamó al sicario. Tenían trabajo qué hacer, le dijo. Afuera había mucha luz, horas de trabajo extrañas para ellos, pero había una emergencia, le explicó su compañero.

Se encontraron en una casa de seguridad y se fueron juntos, dirigiéndose hacia sus motocicletas estacionadas calle abajo. El sicario escuchó a la policía antes de verlos, el chirrido de los neumáticos, los motores acelerados. Todo terminó en menos de un minuto.

Se maldijo durante el camino a la estación. Se preguntó si la tonta suerte sólo lo había salvado todos estos años.

En la estación en Jojutla, un pequeño edificio blanco frente a la prisión local, los comandantes de la policía confiscaron su teléfono. Contenía suficiente evidencia para encerrarlo de por vida.

Mientras estaba sentado y esposado a una silla, los oficiales vieron un video que había grabado en su teléfono. Era uno de sus múltiples “trabajos”.

La policía llamó a su madre, quien se negó a creerles. Sí, ella sabía que su hijo era un criminal, recordó. Pero ella se negó a creer que él fuera un asesino, hasta que un oficial la obligó a ver una entrevista en la que su hijo confesó sus innumerables homicidios.

“Nunca le enseñamos estas cosas”, dijo, sollozando. “No aprendió esa malicia de nosotros. Le dimos amor y apoyo”.

La policía comenzó a sumar lo que sabían, comenzando con varios homicidios que se le adjudicaban. Enfrentó 240 años de prisión sólo por ellos.

Pero el jefe de policía, Alberto Capella, se había cansado de las herramientas y ambiciones limitadas del estado. Forenses descuidados, oficiales corruptos e investigaciones al azar dejaron pocos casos resueltos.

Anteriormente había sido jefe de policía en Tijuana, donde en 2007 la prensa local lo apodó “Rambo” por luchar contra docenas de asesinos de cárteles en una batalla que terminó con su hogar perforado por cientos de balas.

Ahora, como comandante en Morelos, quería resultados. Mientras el sicario se sentaba en una silla de vinilo rasgada en el recinto, uno de los agentes de Capella explicó el acuerdo.

El sicario testificaría contra sus antiguos camaradas, detallando los muchos asesinatos que habían cometido. Pero en lugar de describir al sicario en la corte o en los archivos del caso como uno de los asesinos o conspiradores principales, las autoridades estatales lo enumeraron como testigo, alguien sin una participación real en el crimen.

El sicario, que entonces tenía 22 años, acordó vivir en un edificio al lado de la prisión, para su propia protección, y para que pudiera ser trasladado a audiencias públicas.

Las autoridades estatales no lo acusaron de ninguno de los asesinatos y decidieron esperar hasta que terminara de testificar. Entonces, podrían decidir cómo procesarlo, si es que lo hacían.

Por ley, se supone que los casos de narcotráfico en México deben ser manejados a nivel federal, por una división encargada de investigar el crimen organizado.

El grupo puede usar sus poderes de negociación para convencer a los testigos de que se presenten, aunque pocos lo hacen.

A nivel estatal no existe tal programa y ​​los funcionarios a menudo han encontrado sus propias formas de perseguir la justicia, a veces al violar la ley por completo.

Muchos han mantenido detenidos a sospechosos durante años antes del juicio como una forma de castigo, sabiendo que no tenían la evidencia de una condena.

Otros han optado por una solución más brutal: el asesinato extrajudicial de presuntos delincuentes.

Capella intentó un enfoque muy diferente: buscar condenas en los tribunales y desarrollar un nuevo conjunto de reglas para asegurarlas.

Cansado del débil estado de derecho de México, Capella decidió crear su propia versión.

Sus métodos poco ortodoxos y su actitud sin complejos le han traído controversia y muchos enemigos. El actual gobierno de Morelos lo acusó de malversación de fondos en un asunto separado, lo que niega rotundamente.

Algunos exfuncionarios de justicia en México consideran que su programa de protección de testigos es un tramo, y que funciona bien fuera de las normas legales.

Otros dicen que es tan inusual que no están del todo seguros. Incluso los funcionarios estatales en Morelos que apoyaron el programa reconocieron que funcionaba en un área gris de la legalidad, aunque, como Capella, lo llamaron legal, defendible y altamente efectivo.

“Prefiero cometer un gran error que ser culpable de inacción”, dijo Capella. “México está cansado de esta parálisis institucional”.

“Es un milagro, sobreviví”
Durante cinco años, el sicario vivió como dos personas diferentes: el hijo que dejó víveres para su madre y que tuvo un bebé con su novia, y el “monstruo”, como se llamaba a sí mismo, que mataba por unos cientos de dólares a la semana.

Después de su arresto, la pared entre ellos comenzó a resquebrajarse. Explicó que sufrió lo que parecían episodios psicóticos, noches sin dormir llenas de voces extrañas y sombras colapsando sobre él. Sabía que no merecía lástima, sólo culpa. Y se consoló un poco pensando en eso.

“Estaba a punto de volverme loco”, dijo. “Me pasaba dos o tres días llorando”.

Finalmente, un pastor, un convicto reformado y sin educación, vino a verlo. Al principio, al sicario le preocupaba que el hombre fuera un espía enviado por sus enemigos. Finalmente comenzó a hablar con él y, en poco tiempo, apenas pudo detenerse.

El pastor fue tomado por sorpresa por el torrente de confesiones que el sicario hizo cuando se entregó a la Biblia, con el mismo fervor que alguna vez tuvo para la violencia; una conversión tan común que es casi un cliché en el mundo de las pandillas y los cárteles.

“Esa otra persona está muerta”, dijo el sicario como si, con la repetición, se hiciera realidad.

Encontró un nuevo propósito en el confinamiento, ayudando a resolver casos sin resolver, testificando contra integrantes de cárteles y allanando el camino para unas dos docenas de condenas.

La policía dijo que vieron una verdadera transformación en él, aunque también tenían sus propios motivos para creerlo.

Para octubre de 2018, la policía había ampliado el programa para incluir una docena de testigos cooperantes.

Sin otro lugar donde ubicarlos, las autoridades alojaron a los jóvenes justo al lado de la cárcel que albergaba a los miembros del cártel contra los que estaban testificando.

Cada pocas semanas, la policía los trasladaba a los tribunales para proporcionar pruebas en los casos.

Los testigos dormían en colchones delgados en el suelo, comían en una mesa de plástico rota y se sentaban en sillas despojadas de sus espaldas. Grandes bañeras azules rebosaban de agua utilizada para bañarse y enjuagarse.

Hubo pequeñas comodidades: un televisor, un microondas y un teclado eléctrico en el que el sicario aprendió a tocar la canción principal de la película Titanic. Y cada día de la semana, el ala improvisada de la prisión se convertía en un renacimiento evangélico.

Un pastor rasgueaba una guitarra vieja y los conducía en himnos. Cuando cesaban los cantos, se turnaban para confesar los actos de violencia que habían cometido, su tentación de regresar, su gratitud por haber sido salvados.

“Hace 16 años yo era como ustedes, muchachos”, dijo el pastor, con la guitarra apoyada contra su vientre. “Es un milagro que haya sobrevivido”. Varios comenzaron a llorar sin previo aviso.

El sicario, cuyos crímenes superaron con creces los de los demás, era el líder natural. Se convirtió en una figura paterna para el grupo e hizo cumplir su voluntad empuñando un gran palo de madera.

Finalmente, los jóvenes se ganaron la confianza de sus guardianes y se les permitió un nivel de autonomía casi cómico.

A principios de 2019 ya estaban ejecutando su propia seguridad, bloqueando y desbloqueando la entrada prohibida para los visitantes, monitoreando las idas y venidas en la sala.

Algunos incluso comenzaron su propio negocio, lavando los autos del gobierno.

La policía sabía que los riesgos eran grandes, al igual que la posibilidad de fracaso. Pero su confianza creció día a día.

Capella, el jefe de policía, se jactó del cambio que había tenido en su interior el sicario. Un diputado dijo que el sicario saldría libre con una hoja de antecedentes penales limpia.

“Hemos logrado lo que nos propusimos lograr”, dijo Capella.

La desintegración
Sin embargo, la desintegración llegó antes de lo esperado. Después de más de un año en el programa, Capella consiguió un nuevo trabajo como jefe de policía en el estado de Quintana Roo.

Con su partida, el programa de protección de testigos perdió a su administrador. Era caro y estaba fuera de los libros. Nadie quería supervisar el proyecto.

Los jóvenes continuaron asistiendo a sus citas en la corte, el pastor seguía apareciendo y la novia del sicario dio a luz a su segundo hijo, una niña. Pero la energía poco a poco comenzó a desvanecerse.

Casi la mitad de los testigos se habían ido. Algunos habían terminado sus apariciones en la corte y se fueron por su propia voluntad.

Otros se habían salido, contentos de arriesgarse a la sentencia de muerte que les esperaba en la calle. Muchos se habían acostumbrado a la idea de una muerte prematura. Para ellos, el programa fue un breve respiro.

El sicario habló menos sobre lo que vino después. En verdad se había acostumbrado a la instalación. Le gustó el respeto de los guardias, los fiscales y sus compañeros testigos. Era un santuario del mundo exterior.

Afuera no sólo se preocupaba por el cártel y por una vida huyendo, también temía la tentación de que, a pesar de todo lo que había hecho por cambiar, terminara justo donde comenzó.

“Sé que ser liberado y volver a formar parte de la sociedad es más difícil que estar encerrado aquí”, dijo después de una sesión de oración. “La verdad es que prefiero estar aquí, con dolor, que allá afuera por mi cuenta”.

Para el verano de 2019, el programa estaba en mal estado: los platos sucios se apilaron, el agua se acumuló en el piso y los inodoros quedaron sin limpiar. Las luces ya ni siquiera funcionaban correctamente.

“Todo está llegando a su fin”, dijo un día. “Sólo mira a tu alrededor. El mundo está al revés”.

Ahora estaba prácticamente solo. Únicamente quedaba otro testigo. Sus amigos venían periódicamente para fumar mariguana o escuchar música en la oscuridad. Los usó para enviar mensajes a personas en el exterior, incluidos los traficantes de drogas.

La policía casi había abandonado el programa. La mayoría de los funcionarios estaban felices de verlo vacilar, ansiosos por terminar con la carga.

En el vacío, el sicario volvió a lo que sabía: vender drogas. Mientras aún estaba adentro, reclutó a antiguos testigos que habían abandonado el programa, formando un equipo de traficantes de mariguana.

El pastor se enteró y lo presionó para que se detuviera.

“Me di cuenta de cuántas personas estaba arrastrando a ese destino de nuevo”, dijo el sicario. “Conduje a mis amigos hacia la Biblia, y ahora les estoy haciendo vender drogas”.

Su recaída parecía casi inevitable. ¿Cómo podría el estado esperar cambiar a alguien tan despojado de su humanidad en sólo dos años, con un pastor no remunerado y sin educación como su única fuente de inspiración?

Quizás nunca tuvo la intención de hacerlo. El sicario había ayudado a desmantelar su antiguo cártel, dejándolo en ruinas. Ya no era de mucha utilidad para la policía.

En el exterior, sus enemigos lo verían como débil, y ya no bajo la protección de la policía.

Le gustaba afirmar que su reputación en las calles mantenía a salvo a su familia, pero eso tampoco era del todo cierto. Incluso la policía lo sabía.

El sicario se había suavizado desde que se unió al programa. Se preocupaba por su familia, sus hijos, la perspectiva de una nueva vida. La esperanza era una responsabilidad en su viejo mundo.

Uno de los policías le había advertido sobre su partida.

“No tendrás ninguna oportunidad allí afuera”, recordó que dijo el oficial. “‘Ya no eres la misma persona”.

“Lo hizo bien”, dijo el sicario. “Tenía toda la razón”.

“Lo justo sería que yo muriera”.

En una tarde soleada de agosto, el sicario huyó. Un informante le advirtió que la policía planeaba arrestarlo y presentar cargos. Cierto o no, no desperdició la oportunidad.

Había sido descuidado antes, cuando fue atrapado por primera vez. Pero ahora, después de todas las personas a las que había ayudado a encerrar, significaba una aproximación mucho más cercana a una muerte segura. Lo matarían en el momento en que lo vieran.

Se escapó de las instalaciones y se registró en un pequeño hotel en la carretera. Después de casi dos años bajo protección policial, estaba solo.

Unos días más tarde, el 5 de agosto, un par de pistoleros se hicieron pasar como clientes y llegaron al puesto de tacos de sus padres y le dispararon cuatro veces a su hermano.

Cuando los asesinos huyeron, dejaron una nota: “A ver si todos aprenden de esta manera”.

Los hermanos se parecían, por lo que los pistoleros pudieron haber pensado que habían matado al sicario. Cuando se enteró del tiroteo, deseó estar en el lugar de su hermano.

Su hermano era inocente, insistió la familia. Nunca se había asociado con el crimen organizado. Terminó la escuela secundaria, vivía en casa con sus padres, se había alistado para unirse a las Fuerzas Armadas y tenía previsto salir pronto, dijo su madre.

El sicario sabía que no merecía la libertad. “La justicia para mí”, a veces decía, “sería la muerte”. Pero su hermano era diferente.

“Me golpearon donde más dolía”, dijo el sicario, llorando, poco después del asesinato. “Lo que más amaba en el mundo me lo quitaron”.

Aun así, insistió en que no buscaría venganza. Nada cambiaría eso. Su hermano aún estaría muerto. Los asesinatos continuarían, incluso se intensificarían, absorbiendo al resto de su familia, en el tipo de ciclo interminable en el que México está atrapado. El asesinato era inevitable.

“Esto nunca terminará, no importa lo que haga”, dijo. (Fuente: The New York Times;noticaribe)

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Observatorio: Esos tres diputados, los felicita Borge y se sienten en las nubes

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Si yo fuera diputado y me felicitara Roberto Borge me moriría de vergüenza…. pero esos tres (Edgar Gasca, Erika Castillo y Linda Cobos) al parecer no conocen la dignidad y se sienten privilegiados que un criminal los felicité desde la cárcel…

Este viernes el Congreso votará la Iniciativa de Ley de Ingresos del Estado de Quintana Roo, para el ejercicio fiscal 2020 y el Proyecto de Presupuesto de Egresos del Gobierno del Estado de Quintana Roo, para el Ejercicio Fiscal 2020.

En caso de extenderse las discusiones sesionarán el domingo 15, día último por calendario, de la ordinaria.

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