La madrugada de este miércoles no fue tranquila para miles de familias en Cancún. A eso de las 2 de la mañana, cuando el pueblo duerme, un incendio en la subestación de la Comisión Federal de Electricidad, allá por la Supermanzana 96, sobre la avenida Chac Mool, dejó sin luz a colonias enteras y puso a correr a bomberos, Protección Civil y a la policía.

El fuego no avisó. De pronto, el transformador de la subestación Canek tronó y con él se fue la luz en buena parte del municipio. Casas a oscuras, negocios parados, ventiladores muertos en plena madrugada de calor. El pueblo, otra vez, pagando los platos rotos.

Las autoridades cerraron rápido el paso entre Andrés Quintana Roo y Nichupté. Que por seguridad, dijeron. Mientras, los bomberos le entraban al fuego y la CFE ya veía cómo le hacía para que Cancún no amaneciera en apagón total.

Horas después, la paraestatal confirmó lo que todos ya sabían: el incendio vino de un transformador dañado en la subestación Canek. Metieron mano de inmediato, trabajaron sin parar y lograron levantar el servicio al 100 por ciento. La luz volvió, pero la duda se queda.

Porque hasta ahora, nadie dice qué provocó que el transformador se dañara. ¿Falta de mantenimiento? ¿Sobrecarga? ¿Años de no meterle dinero a la infraestructura mientras el recibo llega puntual y cada vez más caro? De eso, la CFE no habla. Tampoco del monto de las pérdidas.

Lo que sí dijeron es que sus cuadrillas siguen allá, en la subestación, haciendo las reparaciones definitivas. Que para garantizar la estabilidad, aseguran. Ojalá. Porque en Cancún, donde el calor no perdona y la luz es vida, un apagón no es cualquier cosa. Es el refrigerador que se echa a perder, el niño que no duerme, el negocio que pierde la venta del día.

Por fortuna, no hay lesionados. Pero sí hay memoria. Y el pueblo recuerda que no es la primera vez que una subestación falla. Recuerda que la luz se va y el recibo no.

Las autoridades dicen que siguen investigando el origen del siniestro. Que evalúan daños. Mientras tanto, en las colonias, la gente ya prendió el ventilador otra vez. Con desconfianza, sí, pero lo prendió. Porque en Cancún, aunque se vaya la luz, el pueblo sigue de pie.

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